NUESTROS DOCUMENTOS

El 7 al 11 de noviembre en las elecciones de graduados……….
Votamos cambiar en la UBA y la FADU….


Nuestra Universidad de Buenos Aires aún hoy, permanece estancada y entumecida de la realidad de un país que la sustenta y la necesita.
En los últimos años a nivel nacional los gobiernos de los compañeros Néstor y Cristina Kirchner han priorizado una política Cultural y Educativa distinta que tiene como eje una concepción Nacional y Popular.
En cuanto a las Universidades es importante destacar que: se dio sanción al régimen jubilatorio del 82% móvil para docentes, se crearon 8 nuevas Universidades, se aumentó la inversión en más del 400%, se sancionó la Ley de Financiamiento Educativo, se aumentaron los Salarios Docentes en un 400%, se duplicaron los sueldos y el número de becarios del CONICET que ya superan los 5.500, se dispusieron de 30 mil “becas bicentenario” para los hijos de los trabajadores, se invirtieron 200 millones en la creación de nuevas obras y en la remodelación edilicia de universidades, se creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva que financia actualmente más de 2.000 proyectos, implementamos la política de repatriación de científicos argentinos en el exterior que ya alcanzan a más 600 investigadores… Esta es la misma visión y política con la que hace más de 60 años, en septiembre 1947, se creara nuestra “Facultad de Arquitectura y Urbanismo”, como parte y en correlato integral con un proyecto nacional productivo de país (Primer Plan Quinquenal), o también cuando el 22 de noviembre del 1949 por medio del Decreto del Poder Ejecutivo Nacional N° 29.337, Juan Domingo Perón, instalaba la gratuidad de la enseñanza universitaria pública con el objetivo de posibilitar el acceso a la educación universitaria al conjunto de la sociedad.
Como expresamos anteriormente, el Estado Nacional además de haber mejorado significativamente el presupuesto educativo, ha garantizado la autonomía universitaria y la autarquía financiera de la UBA. En el caso particular de la UBA entendemos que no solo no ha realizado un uso eficiente y racional de dicho presupuesto, sino que ha instalando una falsa noción de comprender a la autonomía como sinónimo de aislamiento, alejándose del sentido esencial de la Universidad Pública que es orientar sus fines y objetivos a las necesidades de su pueblo.
Esta noción de “isla abstracta”, desligada de brindar respuestas a los requerimientos de la sociedad que la sustenta y de las reales cuestiones de discusión académica y profesional en la Argentina de hoy, nos dan una situación de absoluta atomicidad y la triste expectativa de futuras frustraciones.
 

  1. Es absolutamente obvio que el paradigma neoliberal tiene una importante responsabilidad sobre lo que hoy nos ocurre. Sin embargo, debe consignarse que éste se puso en marcha en la Argentina a partir de la dictadura militar y que, de los 34 años transcurridos desde aquel momento, 26 tienen que ver con el presente orden institucional, siendo a la fecha una deuda de la Universidad con la sociedad no revertir esta estanqueidad y compartimentación.

  2. Salvo experiencias aisladas y puntuales en estos años, la UBA no ha tenido una política de extensión e integración significativa con el “afuera”ni una estructuración de los planes de estudios que considere una efectiva práctica e inserción profesional. En su “adentro” ha cristalizado un Estatuto Universitario anacrónico con el solo objetivo de perpetuar en el poder a unos pocos…a los de siempre… Regulando los llamados a concurso para, por ejemplo en nuestra Facultad, de 35.000 estudiantes con 4.000 docentes, mantener a solo 160 profesores participando de un padrón que designa la mitad de los cargos electivos en Consejo Directivo de la FADU.

  3. Es clave incluir en esta discusión las características de un orden institucional que ha convivido, convalidado y ha resultado cómplice del proceso de deterioro que viene viviendo nuestra Universidad. Por ende, no es cierto que la crisis en la UBA y la FADU sean sola y exclusivamente económicas sino que también tiene un fuerte componente político institucional. Es bueno destacar este punto ya que los que intentan colocar el problema sólo en la cuestión económica son los que, por otro lado, pretenden reponerle legitimidad a las prácticas tradicionales del actual esquema político. Prácticas que, como todos sabemos, son funcionales a las estrategias que dicen denunciar.
     

Esta burocracia política instalada hoy en el Rectorado de la UBA, recapitulada fundamentalmente en la agrupación Reforma, no es solo criticable desde su añejamiento nominal sino, lo que es aún peor, que es la reproducción de las prácticas políticas que sus propios ancestros enfrentaban.
 

  1. Se trata también de discutir dos pilares fundamentales que hacen a la razón de ser y a la esencia misma de la Universidad. El primero es el de volver a entender el conocimiento como instrumento de las sociedades para alcanzar su pleno desarrollo y para concretar sus procesos de liberación nacional y social. En este sentido, democratizar el conocimiento implica que se incorporen a la universidad pública sectores sociales hoy postergados, terminando con la contradicción masividad – excelencia académica (de la cantidad sale la calidad, cuantos más estudiantes tengamos, más posibilidades de tener más y mejores graduados); por lo que debemos rediscutir los contenidos curriculares y planes de estudios para que se adecuen a las necesidades y al proyecto de país que se está construyendo.

  2. El segundo elemento es impulsar un cambio profundo en el Estatuto Universitario, con el objetivo de democratizar la representación de cada claustro con la incorporación institucionalizada y con voto del claustro no docente. También es necesario democratizar los cargos docentes en referencia al sistema y frecuencia de los llamados a concurso y sin tergiversar estabilidad en los cargos. Asimismo el nuevo Estatuto Universitario debe incorporar el voto directo a Decanos y Consejeros Superiores con los niveles de proporcionalidad que se acuerden por claustro.

  3.  Pretendemos que la Universidad Pública, a la par de profundizar su rol de producción crítica del conocimiento mediante la investigación con excelencia académica y la formación de profesionales idóneos, sea un ámbito en la que nuestros jóvenes encuentren la orientación y la motivación que les permita insertarse en la vida social y cultural en forma activa y el compromiso para impulsar sus tareas en la resolución de los problemas que aún nos aquejan, principalmente aquellos referidos a la justicia social en la distribución del ingreso, la recuperación y crecimiento de la industria nacional y los recursos naturales, promoviendo un modelo de desarrollo sustentable y acorde a los intereses de las mayorías. Estas cuestiones requieren un particular énfasis en la definición de políticas universitarias activas por parte del Estado para los próximos años. Una de ellas es hacer efectivo el compromiso de asumir a las universidades nacionales como los organismos consultores prioritarios para el desarrollo del proyecto nacional y latinoamericano en todas sus dimensiones. Para que nuestra Universidad se inserte en la sociedad que la sostiene y de la que se nutre, debe cohesionar con ella reconociendo que tiene un deber que cumplir garantizando el derecho a la educación permanente para formar profesionales cabales, con pensamiento crítico y compromiso social, orientados en el respeto y promoción de los derechos humanos y el mejoramiento de nuestro hábitat.
    Queremos una Universidad comprometida con nuestro presente de país, reconociéndose en su identidad histórica y nacional, posibilitando la generación de conocimientos académicos específicos que permitan articular un futuro distinto, insertando profesionales que sean parte de una realización colectiva. Nos debe hacer reflexionar de cara a materializar una práctica efectiva y conducente de las resoluciones de los problemas de la UBA y un ineludible compromiso de inserción en correlato con las actuales necesidades del nuestro país. 
    Por último es necesario convencernos que nuestra Universidad no debe resignarse a ser mejor implementando políticas diferentes a las actuales e instalando un compromiso para la construcción de una Universidad nacional, popular, pública, gratuita y al servicio del Pueblo.
     

La FADU que tenemos que cambiar…
En nuestra Facultad, las distintas experiencias de políticas frentistas realizadas desde el 2001 a hoy (de las cuales hemos participado como parte del Frente Encuentro hasta el año 2009), aún habiendo logrado desplazar a la Agrupación Reforma del 4to. piso de la FADU, no han podido consolidar un modelo alternativo de gestión política y académica. La rutina de los problemas administrativos inconclusos, la perjudicial relación con la UBA y la miopía política han sido el común denominador de una expectativa de cambio desvanecida…
Los siete meses sin Decano del año pasado, el encierro y la parálisis política de un bloque denominado “Plural” que, lejos de abrir el juego en la discusión de los problemas de la FADU para su solución, instala un hermetismo que tiene más que ver con mantener los cargos rentados del 4to. piso, que con la generación de herramientas de participación que permitan salir del estancamiento y la mediocridad política. 
En síntesis, la actual situación marca un estado de agotamiento político de este bloque que les imposibilita superar su estado de compartimentación y atomización política.
No obstante la mejor contradicción que se ha planteando a este esquema político ha sido el accionar y gestión del compañero Decano Eduardo Cajide, quién entendemos que, desde su lugar, ha superado las mezquindades políticas instaladas con trabajo, compromiso y esfuerzo, en muchos casos en soledad institucional, poniendo lo mejor de sí, para resolver la penosa rutina administrativa y política de la FADU. 
En otro orden de cosas es importante remarcar su apoyo y colaboración pública con el proyecto nacional y la necesidad de insertar a la Facultad en los procesos de cambio que está realizando la Argentina y la Región.
Entonces nuestro apoyo político es para el Decano y su gestión y nuestra diferencia política es con este bloque circundante que hoy no representa ni sintetiza la voluntad de cambio en la FADU.
El eje fundamental para el cambio en la FADU está sustentado en la profundización de la participación política que articule los distintos claustros, desarrolle políticas académicas activas expresando esta pluralidad, genere una nueva estructuración administrativa, garantice un masivo llamado a concursos, instale una profunda discusión del Plan de Estudios y que logre una integración entre las distintas carreras más equitativa y democrática.
La FADU debe estar al servicio del país produciendo conocimientos para la sociedad que la sostiene, dejando atrás una formación profesional descomprometida y desconectada de la realidad.

Es por esto que convocamos a construir en el día a día, con participación y militancia, una Facultad comprometida con nuestro presente de país, reconociéndose en su identidad histórica y nacional, posibilitando la generación de conocimientos académicos específicos que permitan articular un futuro distinto, insertando profesionales que sean parte de una realización colectiva.

Por último queremos rendir nuestro homenaje al compañero Néstor Kirchner, siendo nuestro compromiso, en su lucha y su militancia, la construcción de una Universidad nacional y popular, pública, gratuita y al servicio del Pueblo.

DOCUMENTO 13.
Cambiar en la UBA y en la FADU. Noviembre 2011